Esclerosis múltiple

Hace años, se pensaba que el movimiento de nuestro cuerpo se debía a la presencia de espíritus animales que viajaban por dentro de todos nuestros nervios.

Después, cuando médicos ociosos, entre ellos, Luigy Galvany, descargaban electricidad en ancas de rana, empezaron a pensar que la electricidad algo tenía que ver con la actividad de los nervios; las ancas eran separadas del resto del cuerpo de la rana y, aún así, se movían, al recibir una descarga eléctrica.

Médicos ociosos hay muchos, y por su lado, Otto Loewy, separó el corazón de las ranas, lo sacó, para luego introducirlo en un recipiente con agua salada.

Cuál fue su sorpresa al notar que el corazón seguía latiendo; después estimuló los nervios de esos corazones dentro del recipiente, descargó electricidad y los latidos podían aumentar o bajar de velocidad.

Peor aún, cuando vertía solo el líquido del recipiente al corazón de otra rana, el corazón también adquiría el ritmo y velocidad cardiaca.

Esto mostraba que no solo la electricidad influía en los nervios, también había alguna sustancia química que influía en la capacidad nerviosa.

Pero existen enfermedades, como al Esclerosis Múltiple, en las que la capacidad de conducción de las descargas entre los nervios, se ve afectada.

Los nervios tienen una envoltura llamada mielina, esta envoltura es la que garantiza que los impulsos eléctricos recorran los nervios con precisión, calidad y rapidez de milisegundos.

Cuando esta envoltura es atacada, dañada y destruida, toda la actividad neuromuscular se vuelve caótica, los movimientos son torpes, lentos, imprecisos. Caminar, hablar, comer, memorizar, es un tormento.

La destrucción es paulatina y progresiva, los pacientes van de mal en peor, solo la rehabilitación física puede aliviar un poco su evolución desgastante.

No se conoce por qué nuestro cuerpo decide atacar a sus propios nervios, con autoanticuerpos e inflamación.

Se explora en el terreno de los genes y su expresión, pero hasta hoy las expectativas terapéuticas son muy pobres, para poder sanar esa envoltura nerviosa llamada mielina, que da vida y movimiento a cada paciente.

Milenio, Opinión / Vademecum, Óscar Hernández G; 26-08-2019

Da click aquì para la nota

Acerca del autor Miguel Corona

Leer todos las notas de Miguel Corona