Salud ya manda e-mail

El sistema de salud en México atraviesa por un grave problema. El gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador busca reducir costos vía compras consolidadas y reordenar el sistema. No obstante, el gremio se encuentra en caída libre, y los sistemas de salud, llámense IMSS o ISSSTE, entran en disyuntiva.

Por lo que hace al gobierno, nos aseguran que muchas de las decisiones se realizan vía la Secretaría de Hacienda, que encabeza Arturo Herrera, y la oficina mayor, bajo la tutela de Raquel Buenrostro.

Situación que no ha sido fructífera debido a una “campaña de desprestigio”, de frente a miles de intereses que se han tocado.

Uno de los hechos más recientes fue el cambio de tratamiento que se quiso hacer para pacientes con VIH, el cual a nivel mundial ya se aplicaba desde hace cuatro años, y en México se mantenía sin la autorización de Cofepris, desde que la dirigía Julio Sánchez y Tépoz.

El caso es que Hacienda, bajo la tutela en ese entonces de Carlos Urzúa, recibió una carta de parte de los doctores Gustavo Reyes Terán y Juan Sierra Madero, explicando que se requería cambio de tratamiento para pacientes con VIH, el cual había sido avalado por la OMS, modificación que no sólo representaba ahorro en costos, sino mayor eficiencia.

El gran “pero”, nos dicen, es que el 29 de abril, cuando se abordaba el tema en la oficina de Hacienda, para definir si la opción de la farmacéutica Stendhal o la de Gilead era la mejor, se desato “una guerra de percepción”.

“Después de dos horas de una reunión privada de seis horas, uno de los directivos del administrador de salud, anunció que tendría que dejar la reunión porque había manifestación y marcha sobre paseo de la Reforma, argumentando desabasto de medicamentos. Una hora más tarde, el administrador del IMSS también anunciaba que habían sido robados, precisamente, los antirretrovirales de los almacenes ubicados en Vallejo”.

¿Y el despido de doctores, el cierre de hospitales, la falta de medicamento? ¿No existe? “No, es una campaña de desprestigio”.

“En la transición el presidente López Obrador, —nos detallan— comenzó a anunciarse una nueva forma de licitación de medicamentos, y José Antonio Meade nos comentó, que no nos daría tiempo y habría desabasto. Es por ello que el presidente Enrique Peña Nieto y el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, acordaron seguir con el contrato tradicional de medicinas, mismo que firmaron en noviembre, y que contemplaba todo el 2019”.

Paralelamente y desde julio de este año, comenzó el programa de licitaciones del actual gobierno. “Entonces, en teoría no debería de haber desabasto”.

Pero, en la práctica, para el sector farmacéutico, la situación va más allá.

Aún no hay fecha definida para las nuevas licitaciones de medicamentos del 2020, ni las reglas quedan claras.

Además, las compras de este año no se han llevado en forma ni en tiempo. Tan es así que las compañías, en su mayoría mexicanas, que dependen de la compra del gobierno, tienen un gran almacenamiento de medicamentos y ven tambalear sus finanzas.

“De plano al ISSSTE muchas farmacéuticas hemos decidido no venderle, el adeudo ya representa más de un año”.

Es cierto que desde julio el gobierno actual ha abierto licitaciones, se pueden contabilizar más de 400. Sin embargo, 60% se han quedado desiertas. El precio al que quiere comprar está por debajo de las ofertas realizadas.

Prueba de ello es la licitación que se llevó a cabo la semana pasada para la venta de una formula infantil, donde hubo sólo un participante y fue anulada, debido a la oferta económica.

Situación que preocupa. ¿De ahí, el e-mail que han recibido varias farmacéuticas a nombre de Monserrat de Jesús Robles, jefa del área de la Oficialía Mayor de Hacienda?

El Economista, Opinión / Junta de consejo, Marielena Vega, 26-08-2019

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